viernes, 30 de diciembre de 2016

LAS UVAS DEL TIEMPO





Andrés Eloy Blanco
Venezuela

Madre: esta noche se nos muere un año.
En esta ciudad grande, todos están de fiesta;
zambombas, serenatas, gritos, ¡ah, cómo gritan!;
claro, como todos tienen su madre cerca...
¡Yo estoy tan solo, madre,
tan solo!; pero miento, que ojalá lo estuviera;
estoy con tu recuerdo, y el recuerdo es un año
pasado que se queda.
Si vieras, si escucharas esta alboroto: hay hombres
vestidos de locura, con cacerolas viejas,
tambores de sartenes,
cencerros y cornetas;
el hálito canalla
de las mujers ebrias;
el diablo, con diez latas prendidas en el rabo,
anda por esas calles inventando piruetas,
y por esta balumba en que da brincos
la gran ciudad histérica,
mi soledad y tu recuerdo, madre,
marchan como dos penas.

Esta es la noche en que todos se ponen
en los ojos la venda,
para olvidar que hay alguien cerrando un libro,
para no ver la periódica liquidación de cuentas,
donde van las partidas al Haber de la Muerte,
por lo que viene y por lo que se queda,
porque no lo sufrimos se ha perdido
y lo gozado ayer es una perdida.

Aquí es de la tradición que en esta noche,
cuando el reloj anuncia que el Año Nuevo llega,
todos los hombres coman, al compas de las horas,
las doce uvas de la Noche Vieja.
Pero aquí no se abrazan ni gritan: ¡FELIZ AÑO!,
como en los pueblos de mi tierra;
en este gozo hay menos caridad; la alegría
de cada cual va sola, y la tristeza
del que está al margen del tumulto acusa
lo inevitable de la casa ajena.

¡Oh nuestras plazas, donde van las gentes,
sin conocerse, con la buena nueva!
Las manos que se buscan con la efusión unánime
de ser hormigas de la misma cueva;
y al hombre que está solo, bajo un árbol,
le dicen cosas de honda fortaleza:
«¡Venid compadre, que las horas pasan;
pero aprendamos a pasar con ellas!»
Y el cañonazo en la Planicie,
y el himno nacional desde la iglesia,
y el amigo que viene a saludarnos:
«feliz año, señores», y los criados que llegan
a recibir en nuestros brazos
el amor de la casa buena.

Y el beso familiar a medianoche:
«La bendición, mi madre»
«Que el Señor la proteja...»
Y después, en el claro comedor, la familia
congregada para la cena,
con dos amigos íntimos, y tú, madre, a mi lado,
y mi padre, algo triste, presidiendo la mesa.
¡Madre, cómo son ácidas
las uvas de la ausencia!

¡Mi casona oriental! Aquella casa
con claustros coloniales, portón y enredaderas,
el molino de viento y los granados,
los grandes libros de la biblioteca
—mis libros preferidos: tres tomos con imágenes
que hablaban de los reinos de la Naturaleza—.
Al lado, el gran corral, donde parece
que hay dinero enterrado desde la Independencia;
el corral con guayabos y almendros,
el corral con peonías y cerezas
y el gran parral que daba todo el año
uvas más dulces que la miel de las abejas.

Bajo el parral hay un estanque;
un baño en ese estanque sabe a Grecia;
del verde artesonado, las uvas en racimos,
tan bajas, que del agua se podría cogerlas,
y mientras en los labios se desangra la uva,
los pies hacen saltar el agua fresca.

Cuando llegaba la sazón tenía
cada racimo un capuchón de tela,
para salvarlo de la gula
de las avispas negras,
y tenían entonces
una gracia invernal las uvas nuestras,
arrebujadas en sus talas blancas,
sordas a la canción de las abejas...

Y ahora, madre, que tan sólo tengo
las doce uvas de la Noche Vieja,
hoy que exprimo las uvas de los meses
sobre el recuerdo de la viña seca,
siento que toda la acidez del mundo
se está metiendo en ella,
porque tienen el ácido de lo que fue dulzura
las uvas de la ausencia.

Y ahora me pregunto:
¿Por qué razón estoy yo aquí? ¿Qué fuerza pudo
más que tu amor, que me llevaba
a la dulce aninomia de tu puerta?
¡Oh miserable vara que nos mides!
¡El Renombre, la Gloria..., pobre cosa pequeña!
¡Cuando dejé mi casa para buscar la Gloria,
cómo olvidé la Gloria que me dejaba en ella!

Y esta es la lucha ante los hombres malos
y ante las almas buenas;
yo soy un hombre a solas en busca de un camino.
¿Dónde hallaré camino mejor que la vereda
que a ti me lleva, madre; la verdad que corta
por los campos frutales, pintada de hojas secas,
siempre recién llovida,
con pájaros del trópico, con muchachas de la aldea,
hombres que dicen: «Buenos días, niño»,
y el queso que me guardas siempre para merienda?
Esa es la Gloria, madre, para un hombre
que se llamó fray Luis y era poeta.

¡Oh mi casa sin cítricos, mi casa donde puede
mi poesía andar como una reina!
¿Qué sabes tú de formas y doctrinas,
de metros y de escuela?
Tú eres mi madre, que me dices siempre
que son hermosos todos mis poemas;
para ti, soy grande; cuando dices mis versos,
yo no sé si los dices o los rezas...
¡Y mientras exprimimos en las uvas del Tiempo
toda una vida absurda, la promesa
de vernos otra vez se va alargando,
y el momento de irnos está cerca,
y no pensamos que se pierde todo!
¡Por eso en esta noche, mientras pasa la fiesta
y en la última uva libo la última gota
del año que se aleja,
pienso en que tienes todavía, madre,
retazos de carbón en la cabeza,
y ojos tan bellos que por mí regaron
su clara pleamar en tus ojeras,
y manos pulcras, y esbeltez de talle,
donde hay la gracia de la espiga nueva;
que eres hermosa, madre, todavía,
y yo estoy loco por estar de vuelta,
porque tú eres la Gloria de mis años
y no quiero volver cuando estés vieja!...

Uvas del Tiempo que mi ser escancia
en el recuerdo de la viña seca,
¡cómo me pierdo, madre, en los caminos
hacia la devoción de tu vereda!
Y en esta algarabía de la ciudad borracha,
donde va mi emoción sin compañera,
mientras los hombres comen las uvas de los meses,
yo me acojo al recuerdo como un niño a una puerta.
Mi labio está bebiendo de tu seno,
que es el racimo de la parra buena,
el buen racimo que exprimí en el día
sin hora y sin reloj de mi inconsciencia.

Madre, esta noche se nos muere un año;
todos estos señores tienen su madre cerca,
y al lado mío mi tristeza muda
tiene el dolor de una muchacha muerta...
Y vino toda la acidez del mundo
a destilar sus doce gotas trémulas,
cuando cayeron sobre mi silencio
las doce uvas de la Noche Vieja.

sábado, 24 de diciembre de 2016

FELIZ NAVIDAD Y UN VENTUROSO AÑO 2017


FELIZ NAVIDAD Y UN VENTUROSO AÑO NUEVO DE SALUD, PAZ Y ARMONIA LES DESEA EL PORTAL POETAS DE VENEZUELA Y EL MUNDO


martes, 20 de diciembre de 2016

TIEMPOS DE AYER


TIEMPOS DE AYER

Homenaje a dos extraordinarias figuras del periodismo, la poesía y la cultura, que permanecen por siempre en la memoria.



























sábado, 17 de diciembre de 2016

17 DE DICIEMBRE DE 1830 - 186 AÑOS DE LA MUERTE DEL LIBERTADOR SIMON BOLIVAR



















GRAFICA: DE LA REVISTA MEMORIAS DE VENEZUELA.
NOVIEMBRE Y DICIEMBRE 2008 Nº6.
CENTRO NACIONAL DE HISTORIA

(MIS ÚLTIMOS VOTOS SON POR LA FELICIDAD DE LA PATRIA)



































lunes, 12 de diciembre de 2016

A LA VIRGEN DE GUADALUPE





A LA VIRGEN DE LA GUADALUPE

La calle desierta
la mirada fija.
Mantos de estrellas.
Invocan su nombre
…el espacio de blanco,
su sonrisa de nácar,
su imagen de arena.

La niña nos cubre,
de cantos y flores,
de nuevo la imagen,
de nuevo el alba,
el siervo que reza.

La virtud solloza,
la niña calla…
… ¿dónde está su rosa…?
Quizás en la playa…
… ¿dónde está su historia…?
Quizás en la barca.

El manto peregrino,
sus manos de lágrimas
…un pueblo que reza…
La bendición del Papa.
…el canto a lo lejos…
Un canto sonoro.
La verdad del alma.
La niña solloza.
La niña, mi niña.
Velas y plegarias,
voces de cascadas.

Judith Villamediana
Venezuela.

PUESTO DE LIBRO

ESPAÑA Y EL INDIO TAHERA DAISI

La versatil pluma de la historiadora, ensayista, poeta y profesora universitaria Gladys Revilla Pérez nos lleva al conocimiento de esta historia llena de profundidad en lo social y en lo político. Una obra que se distingue por los acontecimientos que registran y que mueven las fibras del corazón por su patético desenlace.

Se trata de un libro de gran calidad y de obligada lectura. Lo recomendamos.






























































sábado, 10 de diciembre de 2016

POEMAS DE ORLANDO MATERAN ALFONZO



TATUAJES

Advierto en mis cierto fuego
que incendia la sangre
que prende las palabras
que deja sobre los días
profundos tatuajes.















EN LA MAGIA DE LA POESÍA

He vivido envuelto
absorto
en la magia de la poesía
el tiempo ha pasado
estampando imborrables huellas.
Sí. Lo advierto
ahora que estoy tan cerca
pero tan cerca del final
tan cerca del olvido.











EL PASO DEL TIEMPO

En mis pupilas
se duerme la noche
mientras las horas pasan
hay aroma de muerte
un silencio abismal
un cuerpo inerte
con la piel cansada
de la lucha
emprendiendo
su viaje sideral.










YA ES LA HORA

Ya es la hora de regresara la escritura
pasó el tiempo de la meditación
es hora
de clamar justicia por el hombre
que en cualquier lugar
del planeta tierra
sufre guerras
muere de sed
hambre
se le cae la piel a pedazos
se le secaron desde hace tiempo
las lágrimas
cava sepultura para sus hijos.
grita
y su voz tiñe de rojo el espacio.


Orlando Materán Alfonzo
Venezuela

De su obra inédita "Tiempo de Tatuajes" 
Año 2016

miércoles, 7 de diciembre de 2016

TIEMPOS DE AYER
















La Iglesia de San José del Ávila y el Sacerdote Benedictino Eugenio Ambülh (1959)

En la Iglesia de San José del Ávila con el sacerdote Bendictino Eugenio Ambülh, designado párroco de la recién creada Parroquia de San Benito; el Padre Felipe y un seminarista.

El Padre Eugenio Ambülh realizó una extraordinaria actividad apostólica
entre los habitantes de ese sector llevando La Sagrada Eucaristía, la Unción de los Enfermos y su palabra evangelizadora que era recibida con especial estima. También se repartían alimentos, medicinas y otros insumos entre los más necesitados. En los días decembrinos juguetes a los niños y la recordadas Misas de Aguinaldos. Labor a la que nos sumamos con otros jóvenes. Editamos una revista, impresa en multígrafos, (16) dieciseis páginas, divulgando las actividades parroquiales, amenidades, artículos de interés y otras noticias. Dicha publicación llegaba a los hogares de los habitantes de la Sabana de los Ñaraulies, conocida así por sus ancestros.

Acogedora y a veces brumosa sabana a los pies de la montaña, donde compartíamos con esa gente trabajadora, devota y amable que nos brindaba el calor de sus hogares.
























































Fuente: Revista Caracas Guia Cultural Año 3 Nº29
Octubre 2003.

Redactores: Antonio Garcia Ponce y Cristobal Rodriguez Oberto